miércoles, 12 de junio de 2013

LOS POLITICOS



LOS POLITICOS

¡Qué buena imagen tienen nuestros políticos!
¡Cómo atienden los medios! ¡Son hombres míticos!
¡Qué felices se sientan en sus escaños!
¡Y cómo parlamentan! ¡Con qué redaños!

¡Cómo cobran sus pagas y complementos!
¡Qué contentos consumen sus alimentos!
¡A tres cincuenta y cinco! ¡Menú barato!
¡Y cómo se relajan con cada plato!

¡Cómo viajan en coche! ¡Chófer y todo!
¡Cómo cobran las dietas de cualquier modo!
¡Van a hoteles de lujo y no a garitos!
¡Tienen servicios extra! ¡Ay, que cabritos!

-“Son reuniones clave desde el inicio.
El pueblo se merece este sacrificio.”
¡Cómo viven sus vidas! ¡Son ejemplares!
¡Porque son socialistas y populares!

  
¡Cómo adquieren derechos a la pensión!
¡Con siete años les vale! ¡Qué sensación!
¡Son treinta y ocho y medio para la gente!
¡Qué diferencia de años! ¡Es indecente!

¡Cómo gozan de todos sus privilegios!
¡Sus hijos se codean en caros colegios!
¡Tienen inmunidad para detenciones!
¡Inviolabilidad en sus opiniones!

¡No serán inculpados ni procesados
Si no lo autorizaran los diputados!
 ¡Aunque hayan cometido mil tropelías
Y salgan en la prensa todos los días!

¡Cómo luchan para ir a las elecciones!
¡Se apuntan a un partido o no hay opciones!
¡Aquí el que no comulga no va en las listas!
¡Porque son populares y socialistas!



miércoles, 8 de mayo de 2013

EL HIJO DE APOLONIO QUIERE SER TRANSPORTISTA




EL HIJO DE APOLONIO QUIERE SER TRANSPORTISTA

Problema: Apolonio tiene un hijo de 22 años y le ha dicho que deja los estudios y que quiere ser transportista.  ¿Qué hará Apolonio?.

Elija la respuesta que le convenga o añada otra.

A)    Intentará convencerle de que no lo haga, porque esta es una profesión en la que siempre se está fuera de casa, con el constante peligro de la carretera, en la que cada vez se gana menos, el gasoil está más caro, etc.
B)     Intentará convencerle de que no lo haga, pues de repente le ha entrado miedo porque no confía en su hijo. Le ve como un tarambana, con poca capacidad para desenvolverse en la profesión de transportista.
C)    Le animará a ejercer la profesión, porque se ha acordado de que él a su edad era parecido a él, y ha conseguido salir adelante y formar una familia. Le hablará de que la profesión de transportista es muy bonita si te gusta y, aunque haya épocas malas como en todas las profesiones, merece la pena dedicarse a ella. 
D)    Le hará ir con él en el camión durante una temporada, para que sepa de qué puede ir la cosa en el transporte, le dará la responsabilidad de conducir y le enseñará los entresijos de la profesión para que después de pasar un tiempo, elija con conocimiento de causa si quiere o no quiere ser transportista.
E)     Le dirá que haga lo que crea más conveniente, que ya es mayorcito y que es su futuro el que se juega. Ahora bien, le asesorará sobre los pros y los contras de la profesión, y le apoyará desde principio a fin, elija lo que elija.
F)     ...


sábado, 20 de abril de 2013

PAPÁ: QUIERO SER BANQUERO



PAPÁ:  QUIERO SER BANQUERO

Estando mi padre en paro
Me preguntó lo que quiero
Ser de mayor. -¿Yo? Banquero.
Y me dijo: - Eres muy raro.

- Está la cosa chupada:
Juegas lo de los demás
Y si pierdes, te dan más
Y no respondes de nada.

Inventas con cara dura
Un producto en qué invertir
Y convences “sin mentir”
Que es una apuesta segura.

“-Son acciones preferentes
De exclusiva promoción
Para brindar la ocasión
A los mejores clientes”.

“El banco nunca fracasa
Porque es entidad solvente
Y sin pensar, de repente
Tienes más dinero en casa”

Más luego la realidad
Sustituye a la ficción
Y emerge de sopetón
La puñetera verdad.

Llega la crisis temida
Y se encuentran que han perdido
Todo el dinero invertido:
Los ahorros de su vida.

Pero el banquero es inmune
Sin saber por qué ni cómo.
Un timo de tomo y lomo
Se queda del todo impune.

Por eso es lo que yo quiero
Ser banquero de mayor
Porque su riesgo es menor
Y gana mucho dinero.

jueves, 4 de abril de 2013

ILUSIÓN



ILUSIÓN


            No podía ser de otro modo. ¡Lo había soñado tantas veces!  Cuando Rafael se montó en  aquél camión, un Scania nuevo moderno a más no poder, no podía creerlo. ¡Qué lujazo, montarse y conducir esa máquina!  Había estado trabajando de chófer desde que sacó el carné de conducir, pero siempre con camiones viejos. Se lo había comprado en contra de la opinión de su mujer y de la de su padre. Se decidió cuando estuvo hablando con una persona enteradísima que le convenció de que era la oportunidad de su vida, porque iban a hacer una sociedad de transportes y estaban buscando socios. Estaba ilusionado con la posibilidad de tener camión propio y además ser propietario de una empresa

            Es muy fácil, le había dicho esa persona: te pones autónomo, compras un camión por lissing, a cinco o seis años, y lo pagas como te da la gana, trabajando en la empresa, que te dará las cargas. No vas a tener ninguna pega. Somos cinco socios, contigo seis. Tenemos que hacer los papeles en el Notario y a funcionar. Habrá que poner cada socio un dinero, eso está claro, como en toda sociedad,  para poder empezar. Y en pocos años, a prosperar. Y luego, si se puede, aumentaremos la flota, y vete tú a saber hasta dónde podemos llegar.

            Y Rafael se puso a trabajar con ahínco e ilusión, no sin antes haber firmado deudas por mucho valor, depositando toda su confianza y dejando el gobierno de la sociedad a quien le había convencido. Y así fue cómo Rafael se buscó su ruina. Porque cuando se dio cuenta de que el atraso de los pagos por parte de la oficina de su empresa era excesivo, ya no había nada que hacer. Le quitaron el camión, le quitaron el piso que tenía hipotecado, le quitaron el coche que no había terminado de pagar y le quedó una deuda enorme de por vida. Su mujer se separó judicialmente de él y se llevó con ella a su hijo. Nunca supo por qué había fracasado su empresa, ni qué había pasado con el dinero.

            Hoy en día Rafael sigue buscándose la vida de chófer, pero del sueldo le retienen parte para pagar la deuda, debe pagar la pensión de su hijo y no puede tener nada a su nombre.

lunes, 11 de marzo de 2013

DERECHO DE LOS TRANSPORTISTAS A ENFERMEDADES PROFESIONALES, ACCIDENTES LABORALES Y JUBILACION HONROSA



DERECHO DE LOS TRANSPORTISTAS A ENFERMEDADES PROFESIONALES, ACCIDENTES LABORALES Y JUBILACION HONROSA

            Al sonar el despertador, me he levantado renqueante de un profundo sueño. Ni me enteraba que estaba en la cama del camión. Me ha costado controlar dónde estaba y qué hacía. No sé por qué, se me ha ido la olla. Debe ser por el malestar con el que me he acostado, malestar provocado por la muerte de uno de mis amigos y colegas de la ruta. Nos conocíamos desde que tenía yo diecisiete años y él veintidós, trabajando en la misma empresa de transporte.

            Y he comenzado a pensar en la cantidad de colegas transportistas que he conocido y que han ido cayendo o que han dejado la profesión, unos más jóvenes que otros. Lo que está claro es que son pocos los que llegan a jubilarse. Mueren muchos más profesionales del volante en accidente laboral que en ninguna otra profesión, lo que pasa es que se disfraza de accidente de tráfico.

            Pero hay algo que también hay que tener en cuenta. Y es que, aparte de  morir por los accidentes, hay un muy alto porcentaje de transportistas que mueren o que se quedan incapacitados debido a infartos, derrames, hernias discales, artrosis, artritis, etc.., y que se achacan al discurrir natural de la vida, pero que en realidad derivan también de la profesión, aunque no lo parezca porque la manifestación de la enfermedad no es inmediata.

La tensión de conducir al luchar con el tráfico, el tipo de trabajo a que estamos sometidos con continuas prisas, muchas horas al volante y de repente a darse una paliza a desmontar o a descargar y con grandes contrastes de temperatura, la mala alimentación, pues comemos lo que se puede y cuando se puede, etc., van minando nuestro cuerpo, y al final, salen de alguna manera. La juventud lo aguanta todo, pero los años no pasan en balde.

 Por ejemplo, casos que son frecuentes: después de una semana muy ajetreada y de acumular tensión, se sienta uno en casa a descansar, hace un movimiento con el cuello y ¡crack!, se jodieron las cervicales; o al bajarse del camión, habiendo llevado los pies en una posición determinada cuatro horas, fijamos el pie en el suelo y se casca el tobillo o la rodilla; o nos da el lumbago; o, al ir a descargar y tirar del traspalé, nos da un tirón en la espalda o se nos produce una hernia discal; o nos caemos del camión al ir a desmontarlo y nos rompemos cualquier cosa; o al bajarnos del camión en invierno, porque algo no funciona, nos agarramos un enfriamiento que se transforma en una gripe o en algo más grave, como puede ser un derrame, un ictus o, en peores casos, un infarto.  

Cada vez que echo una mirada atrás y recuerdo a tantos compañeros de profesión que han tenido que dejar el trabajo o que han dejado de existir de la noche a la mañana, me indigna que todavía se discuta el derecho del transportista a las enfermedades profesionales y a que los accidentes que sufrimos durante la conducción sean considerados como laborales y no como meros accidentes de tráfico.

  Pero más sangrante todavía es que el transportista no tenga derecho a jubilarse con antelación con una pensión digna. Qué autoridades tenemos, que no piensan en que un hombre con más de sesenta años en el volante de un camión de más de cuarenta toneladas no puede generar peligro para los demás usuarios de las carreteras. Cuanto mayores somos, más riesgo tenemos de sufrir accidentes porque la edad y el trabajo no perdonan. Conozco a un pescador que lleva jubilado desde los cincuenta y cinco años, por ley. Nosotros tenemos razones de sobra para que con la cotización suficiente, nos jubilemos a los 60 años y no me cansaré de reivindicarlo, porque, aunque las estadísticas nos incluyan en el tráfico, muchos de los accidentes y enfermedades que sufrimos no aparecen por casualidad: tienen un origen profesional.