lunes, 8 de octubre de 2012

APOLONIO, TRANSPORTISTA AUTONOMO



APOLONIO, TRANSPORTISTA AUTÓNOMO

                       
En la universidad de la vida, una de cuyas ramas de estudio es la rama del transporte, surgen problemas que, como los problemas matemáticos que nos ponían en los exámenes, hay que resolver bien para aprobar.

Para plantear estos problemas en clave de humor, se me ha ocurrido crear un transportista imaginario al que voy a llamar Apolonio, que va a ser el protagonista de las historietas que se me vayan ocurriendo, y me gustaría que el que quiera participar con su opinión, ya sea en serio o en broma, lo haga con el fin de divertirnos un rato.

 He aquí un ejemplo de problemas que se presentan en la vida cotidiana de un transportista, y a los que debe hacer frente echándole grandes dosis de imaginación y de osadía. Son problemas que no aparecen en los libros de texto pero que exigen una respuesta inmediata y lo más correcta posible. Y lo que es curioso es que aunque parezcan irresolubles, siempre se encuentra una solución. Cada uno de nosotros tenemos una salida distinta para cada problema. ¿Qué solución sería para ti la más idónea?. Espero tu ingeniosa respuesta.

            El primer problema que planteo es el siguiente

            Apolonio va a descargar a una fábrica en la que tiene hora de descarga a las siete de la mañana, y se encuentra que delante de él hay nada menos que cinco camiones. Sabiendo que para descargar los cinco camiones se van a necesitar unas 5 horas y media incluyendo el tiempo de almuerzo, y que tiene que pagar la letra del camión que asciende a una cantidad considerable en euros mensuales, ¿qué decisión deberá tomar Apolonio para conseguir que le descarguen a tiempo, ya que tiene que llegar a cargar por un buen precio a cien kilómetros de distancia antes de las quince horas?.
Elija la respuesta que más le convenga o añada otra.

A)    Cobrar a la fábrica paralización a partir de dos horas de la cita, como está establecido en la ley (ja, ja, ja).
B)    Intentar comprar su sitio en la cola a alguno de los de delante o comprar al Jefe del Almacén y que le cuele como mercancía urgente.
C)    ……

NOTA: El autor no se responsabiliza de las posibles consecuencias de una elección errónea o ilegal.
                                   
            Hay muchas situaciones comprometidas en la vida de un transportista. De la personalidad, de la imaginación, de la suerte y de muchos otros factores depende que las cosas salgan bien o mal. Por eso no me atrevo a pensar qué sería de nosotros si no nos lo tomáramos con buen humor.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

CARACTER VIOLENTO



CARÁCTER VIOLENTO

A pesar de todas las dificultades surgidas durante el viaje, había conseguido llegar a su destino.
 Había tenido un reventón en una de las ruedas traseras del remolque, y tuvo que cambiarla él mismo porque le dijeron que la asistencia en viaje no podía llegar hasta el día siguiente. Al aflojar las tuercas se dio un gran golpe en la rodilla. Al quitar la rueda de repuesto, como estaba todo oxidado, tuvo que utilizar el cortafríos y se dio otro golpe en el dedo que casi se lo revienta. Una vez cambiada la rueda, con un frio del carajo, había patinado en una curva debido al hielo y el camión se había detenido en última instancia al chocar con un bordillo de cierta altura. No había volcado de milagro.

 Además, cuando circulaba por la noche en las inmediaciones de un bosque, un jabalí se había cruzado de repente y le había obligado a realizar una maniobra brusca que había hecho tambalear el camión, dándole un golpe que le había destrozado una aleta. Cuando se encontraba durmiendo en el aparcamiento, un movimiento en el camión hizo que se despertara y al mirar por el espejo había visto una furgoneta pegada a la parte de atrás del remolque, lo que le había hecho salir zumbando como alma que lleva el diablo sin mirar atrás y con el miedo en el cuerpo. Y para rematar la jugada, cuando se encontraba cerca del destino, le pararon los gendarmes y por haberse pasado media hora de conducción del día anterior para buscar parking, le endiñaron una multa que le arregló el viaje.

            Cuando por fin llegó a su destino, casi no se lo creía. Pero le aguardaba una sorpresa peor. En el momento en que fue a entregar los papeles del viaje le dijeron que esa mercancía no estaba destinada a la fábrica a la que había llegado. El teléfono echaba humo. Y el entuerto se volvió a resolver, pero como siempre, en perjuicio suyo. Tenía que depositar la mercancía a unos doscientos kilómetros, en una nueva dirección, pero perdía fecha, y la carga de poco peso que tenía ya adjudicada hubo que anularla y cargar otra peor que la anterior, con mucho peso y peor pagada. Encima tuvo que descargársela él con un traspalé que le dejó la espalda hecha polvo.

            Una vez cargado y sudando, después de haber tenido que desmontar toda la gabarra, echar cinchos y demás cuidados, inició la vuelta a casa, consiguiendo llegar el sábado a última hora de la tarde. No había nadie en casa, pues los hijos, estudiantes ellos, estaban de farra, y la mujer, de profesión sus labores, le había dicho por teléfono que se iba al bar con unos amigos. Se duchó, se cambió, y, cansado como estaba, sin apetecerle en absoluto, salió caminando hacia dicho bar.

            Cuando se encontró con la mujer, estaba tomando algo con dichos amigos, y se les veía muy alegres y animados a todos. Nada más verle llegar, todos dijeron casi al mismo tiempo, echando grandes risotadas: ¡¡ Qué bien vivís los camioneros, todo el día sentados y sin preocuparse de nada y encima forrados!!.

          Al día siguiente, en la prensa aparecía la siguiente noticia: “Un camionero agrede brutalmente a varios amigos en un bar. Parece ser que, sin conocerse las causas, el carácter violento propio de la gente de la profesión afloró de pronto convirtiéndose en un ataque de locura. Fuentes bien informadas afirman que se necesitaron seis personas para sujetarlo y bla, bla, bla…”.

--0000--


 Esto es sólo un anticipo de lo que en sucesivos días escribiré de las aventuras y desventuras de un personaje de ficción, pero que tiene que ver mucho con la realidad, llamado "Apolonio, transportista autónomo".
 Advierto de que lo relatado aquí no son hechos reales y que cualquier parecido de lo narrado con la realidad es pura coincidencia.



lunes, 17 de septiembre de 2012

LA BURBUJA DEL TRANSPORTE

Cuando se habla de economía, los medios de comunicación nos machacan repetitivamente con distintos temas dependiendo de la situación social y de los intereses político-económicos, haciéndonos aprender palabras que nunca habíamos oído, como la “prima de riesgo” y otras parecidas, que nos acojonan cada vez que las oímos.


Hace unos pocos años se puede decir que reventó la burbuja inmobiliaria. Pero en ese mismo momento reventó a su vez la burbuja del transporte, pues han desaparecido muchas empresas de transportes, sobre todo autónomos y casi no se ha hablado sobre ello.


Todo ha sucedido debido al hecho de que las condiciones económicas de los contratos de los transportistas autónomos eran cada vez más leoninas, porque los plazos de cobro del transporte realizado eran tan largos que éstos han estado financiando con su sacrificio a las empresas cargadoras. Pero como todo es una cadena, y estas grandes empresas cargadoras dependían de las multinacionales (grandes superficies, grandes grupos financieros, etc.), y de las Administraciones Públicas, que eran las beneficiadas, cuando han llegado las dificultades, la cadena se ha roto por el eslabón más débil y el menos protegido de todos: el transportista autónomo.


Esto nos ha llevado a una quiebra general. Frecuentemente nos encontramos con ejemplos de diferentes fábricas que cierran y los transportistas van todos a la ruina porque se les debe muchos millones de su trabajo de varios meses, habiendo tenido que pagar ellos con créditos y con antelación los gastos de su trabajo.


La ley de Morosidad establece un plazo máximo de pago a proveedores de 60 días a partir del 1 de enero de 2013. No está mal, pero es un plazo todavía muy largo, porque 60 días pueden convertirse en 70, 80 ó 90, y nuestros principales pagos (gasoil, autopistas, letras) hay que hacerlos al mes. En Francia existe una Ley (Loi Gayssot) que obliga al pago a 30 días, y si no paga el que ha contratado con el transportista, se puede reclamar el pago a la fábrica en la que se ha cargado.


Por eso, necesitamos que el Gobierno lo estudie y tome las medidas necesarias para que la diferencia de tiempo entre los ingresos y los gastos de los transportistas se reduzca al mínimo.


-------00000------


Este artículo es el primero de una serie que espero que sea larga en la que se combinará seriedad, humor, críticas y anécdotas. Todo relacionado con el mundo del transportista autónomo. Espero que os guste.