jueves, 4 de abril de 2013

ILUSIÓN



ILUSIÓN


            No podía ser de otro modo. ¡Lo había soñado tantas veces!  Cuando Rafael se montó en  aquél camión, un Scania nuevo moderno a más no poder, no podía creerlo. ¡Qué lujazo, montarse y conducir esa máquina!  Había estado trabajando de chófer desde que sacó el carné de conducir, pero siempre con camiones viejos. Se lo había comprado en contra de la opinión de su mujer y de la de su padre. Se decidió cuando estuvo hablando con una persona enteradísima que le convenció de que era la oportunidad de su vida, porque iban a hacer una sociedad de transportes y estaban buscando socios. Estaba ilusionado con la posibilidad de tener camión propio y además ser propietario de una empresa

            Es muy fácil, le había dicho esa persona: te pones autónomo, compras un camión por lissing, a cinco o seis años, y lo pagas como te da la gana, trabajando en la empresa, que te dará las cargas. No vas a tener ninguna pega. Somos cinco socios, contigo seis. Tenemos que hacer los papeles en el Notario y a funcionar. Habrá que poner cada socio un dinero, eso está claro, como en toda sociedad,  para poder empezar. Y en pocos años, a prosperar. Y luego, si se puede, aumentaremos la flota, y vete tú a saber hasta dónde podemos llegar.

            Y Rafael se puso a trabajar con ahínco e ilusión, no sin antes haber firmado deudas por mucho valor, depositando toda su confianza y dejando el gobierno de la sociedad a quien le había convencido. Y así fue cómo Rafael se buscó su ruina. Porque cuando se dio cuenta de que el atraso de los pagos por parte de la oficina de su empresa era excesivo, ya no había nada que hacer. Le quitaron el camión, le quitaron el piso que tenía hipotecado, le quitaron el coche que no había terminado de pagar y le quedó una deuda enorme de por vida. Su mujer se separó judicialmente de él y se llevó con ella a su hijo. Nunca supo por qué había fracasado su empresa, ni qué había pasado con el dinero.

            Hoy en día Rafael sigue buscándose la vida de chófer, pero del sueldo le retienen parte para pagar la deuda, debe pagar la pensión de su hijo y no puede tener nada a su nombre.

lunes, 11 de marzo de 2013

DERECHO DE LOS TRANSPORTISTAS A ENFERMEDADES PROFESIONALES, ACCIDENTES LABORALES Y JUBILACION HONROSA



DERECHO DE LOS TRANSPORTISTAS A ENFERMEDADES PROFESIONALES, ACCIDENTES LABORALES Y JUBILACION HONROSA

            Al sonar el despertador, me he levantado renqueante de un profundo sueño. Ni me enteraba que estaba en la cama del camión. Me ha costado controlar dónde estaba y qué hacía. No sé por qué, se me ha ido la olla. Debe ser por el malestar con el que me he acostado, malestar provocado por la muerte de uno de mis amigos y colegas de la ruta. Nos conocíamos desde que tenía yo diecisiete años y él veintidós, trabajando en la misma empresa de transporte.

            Y he comenzado a pensar en la cantidad de colegas transportistas que he conocido y que han ido cayendo o que han dejado la profesión, unos más jóvenes que otros. Lo que está claro es que son pocos los que llegan a jubilarse. Mueren muchos más profesionales del volante en accidente laboral que en ninguna otra profesión, lo que pasa es que se disfraza de accidente de tráfico.

            Pero hay algo que también hay que tener en cuenta. Y es que, aparte de  morir por los accidentes, hay un muy alto porcentaje de transportistas que mueren o que se quedan incapacitados debido a infartos, derrames, hernias discales, artrosis, artritis, etc.., y que se achacan al discurrir natural de la vida, pero que en realidad derivan también de la profesión, aunque no lo parezca porque la manifestación de la enfermedad no es inmediata.

La tensión de conducir al luchar con el tráfico, el tipo de trabajo a que estamos sometidos con continuas prisas, muchas horas al volante y de repente a darse una paliza a desmontar o a descargar y con grandes contrastes de temperatura, la mala alimentación, pues comemos lo que se puede y cuando se puede, etc., van minando nuestro cuerpo, y al final, salen de alguna manera. La juventud lo aguanta todo, pero los años no pasan en balde.

 Por ejemplo, casos que son frecuentes: después de una semana muy ajetreada y de acumular tensión, se sienta uno en casa a descansar, hace un movimiento con el cuello y ¡crack!, se jodieron las cervicales; o al bajarse del camión, habiendo llevado los pies en una posición determinada cuatro horas, fijamos el pie en el suelo y se casca el tobillo o la rodilla; o nos da el lumbago; o, al ir a descargar y tirar del traspalé, nos da un tirón en la espalda o se nos produce una hernia discal; o nos caemos del camión al ir a desmontarlo y nos rompemos cualquier cosa; o al bajarnos del camión en invierno, porque algo no funciona, nos agarramos un enfriamiento que se transforma en una gripe o en algo más grave, como puede ser un derrame, un ictus o, en peores casos, un infarto.  

Cada vez que echo una mirada atrás y recuerdo a tantos compañeros de profesión que han tenido que dejar el trabajo o que han dejado de existir de la noche a la mañana, me indigna que todavía se discuta el derecho del transportista a las enfermedades profesionales y a que los accidentes que sufrimos durante la conducción sean considerados como laborales y no como meros accidentes de tráfico.

  Pero más sangrante todavía es que el transportista no tenga derecho a jubilarse con antelación con una pensión digna. Qué autoridades tenemos, que no piensan en que un hombre con más de sesenta años en el volante de un camión de más de cuarenta toneladas no puede generar peligro para los demás usuarios de las carreteras. Cuanto mayores somos, más riesgo tenemos de sufrir accidentes porque la edad y el trabajo no perdonan. Conozco a un pescador que lleva jubilado desde los cincuenta y cinco años, por ley. Nosotros tenemos razones de sobra para que con la cotización suficiente, nos jubilemos a los 60 años y no me cansaré de reivindicarlo, porque, aunque las estadísticas nos incluyan en el tráfico, muchos de los accidentes y enfermedades que sufrimos no aparecen por casualidad: tienen un origen profesional.  

jueves, 21 de febrero de 2013

LOS TRAFICANTES DE ARMAS SE DIVIERTEN



Este escrito se me ocurrió a raíz de un documental sobre el tráfico de armas, que en su día, hace ya años, me dejó bastante pensativo. 


LOS TRAFICANTES DE ARMAS SE DIVIERTEN

             No los conocemos.  No dan la cara.  No aparecen por ningún lado o  aparecen como buenas y honradas personas. Pero son malas bestias. Su función en la vida es manipular a los demás para su beneficio, sin que importe nada más. Fabrican armas y las tienen que vender. Organizan lo que sea. Alguien tiene que morir para que comience la cadena. El fin justifica los medios. Hay que crear fanáticos. Y saben cómo hacerlo. He aquí una de las recetas más utilizadas:
  Se elige bien el sitio o país donde se quiera ubicar el conflicto, a ser posible que sea subdesarrollado y que tenga buenas materias primas como petróleo, diamantes o coltan. A continuación se utilizan los siguientes ingredientes:
  Odio,  venganza, religión, racismo, épica, lírica, nacionalismo, contactos ilegales que tengan posibilidades de comprar armas de diversos tipos (ametralladoras, pistolas, explosivos, minas, etc). y  una gran cantidad de dinero líquido
 Es infalible. Al poco tiempo se obtienen grandes masas de refugiados, muertos y más muertos.
  Así, los traficantes de armas, van manejando a individuos que en nombre de Dios o de la Patria van creando el caos y la desolación. La venta de armas se incrementa y, de paso, aprovechando la coyuntura, pueden hacerse ricos con las materias primas de la región hablando siempre de paz y, en el momento oportuno, echando la culpa de todo a los fanáticos, llamándoles terroristas, para prescindir de ellos cuando haga falta. Ellos saben bien que  la violencia sólo engendra violencia, y así, el negocio de las armas va viento en popa. No tienen compasión. Y además se divierten.

No les importa ni el sufrimiento
Ni la desdicha de los demás.
Y se divierten jugando sucio
A montar guerras en ultramar.

Son clandestinas sus convenciones
Con nuevas armas para matar.
Trazan sus planes con desparpajo
Con alegría y sin piedad.

Van manejando con eficacia
La violencia y el ideal.
Mezclan con odio los sentimientos
El religioso y el nacional

Y van creando con el dinero
Un fanatismo descomunal
A los dos bandos les suministran
Y los conminan a batallar.

Muertos y muertos y refugiados.
Hambre, miseria, llanto, ruindad.
Y mientras viven en la opulencia
Van desgraciando a la humanidad.

Son gente lista dicen algunos
Son asesinos en realidad
Pero nos hablan sin inmutarse,
De un mundo nuevo de amor y paz.

jueves, 14 de febrero de 2013

ANÉCDOTA EN AMBERES



ANÉCDOTA EN AMBERES

            Llegó a Antwerpen (Amberes) hacia las 19 horas de un día de diciembre, ya bien entrada la noche. Utilizó la entrada que le marcaba el mapa, que le llevó derecho al puerto, donde se introdujo en la intrincada red de pasillos y pabellones para intentar llegar a donde tenía que cargar. Sólo que no había manera de encontrar el sitio. Entre las calles había un canal y la carretera que lo atravesaba se dividía en dos mitades cada vez que pasaba un barco a través de él. Estaba un poco despistado, pero seguro de que no debía pasar al otro lado del canal. Dio unas cuantas vueltas y se dio cuenta de que estaba conduciendo en círculo. Paró y se quedó en la cabina. No había ni un alma por la calle para preguntar. Se puso a estudiar el mapa detenidamente intentando descifrar cómo llegar a su destino, y cuando se encontraba más desanimado se percató de que había un taxi aparcado a unos cincuenta metros, con una persona dentro. Se le abrió el cielo.

Bajó del camión con los papeles en la mano y se los enseñó al taxista, solicitándole ayuda chapurreando un poco de inglés. No quiso hablan nada de francés por si hería alguna susceptibilidad de flamencos o valones. El taxista, amabilísimo, le indicó que le siguiera y así lo hizo hasta que le llevó al destino. Quiso pagarle, pero se sintió ofendido y no quiso aceptar nada. Una vez visto el edificio donde iba a cargar al día siguiente, aparcó el camión lo más cerca posible y se dirigió a cenar a un restaurante español llamado “Las Mañas”, lugar que le había indicado el taxista.

            El restaurante “Las Mañas” era grande, tenía nada menos que a veintisiete personas empleadas, y había que formar cola para cenar, esperando a que fueran saliendo los comensales que iban terminando. En la cola se puso a hablar con otro transportista español y, cuando les tocó el turno se sentaron juntos en una mesa.

            Fueron encontrando entre ellos muchos puntos en común, y después de cenar, habiéndose contado chistes y chascarrillos con las clásicas exageraciones de quienes saben que lo que digan no se va a poder comprobar, llegaron al acuerdo de ir esa noche a ver los escaparates, que estaban cerca del restaurante.

            Llegaron a la zona y después de dar una pequeña vuelta, decidieron entrar en uno donde las chicas que se exhibían les parecieron de muy buen ver y pensaron que de mejor tocar. Entraron al local y se pusieron a tomar algo con las dos chicas que eligieron y que estaban buenísimas, y después de un rato y de pagar en la barra al encargado por la bebida y el servicio, se subieron a las habitaciones, cada uno con una de las chicas.

            Primero bajó uno, salió por la puerta  y se puso a esperar la salida del otro. Cuando éste salió, dijo:

-          La mía era un tío, y me lo advirtió antes de empezar, pero como ya había pagado …
-          La mía también.

Y se fueron a dormir al camión.

jueves, 7 de febrero de 2013

APOLONIO NO LLEGÓ A JUBILARSE



APOLONIO NO LLEGÓ A JUBILARSE


Problema: Apolonio se ha quedado sin fuerzas para seguir y del último disgusto se ha quedado en el sitio y ha muerto de un infarto a los 63 años, puesto que a esa edad tenía que seguir trabajando porque después de pagar 40 años, si se jubilaba, le quedaba muy poco.. En su testamento deja todo a los hijos, pero les ha hecho un flaco favor, porque todo son deudas después de trabajar toda la vida. ¿Qué harán los herederos de Apolonio?

Elija la respuesta que le convenga o añada otra.

A)    Lo pondrán a parir, porque encima de que no han podido verle durante toda la vida porque estaba trabajando para su futuro, les deja deudas.
B)  Se harán cargo de las deudas porque les ha enseñado a ser responsables y se meterán transportistas para poder pagarlas.
C)    Renunciarán a la herencia inmediatamente y que las deudas se las quede el Estado, como se ha quedado con todo lo demás, incluyendo las ilusiones de Apolonio.
D)     

NOTA: No os preocupéis, porque la muerte de Apolonio es un supuesto para reivindicar  la jubilación de los transportistas a los 60 años.